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El hallazgo de un bar “normal”

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Cuando la coctelería de autor protagoniza las propuestas de bares más nóveles nos encontramos con un espécimen que no se complica ni se marea con la vanguardia, ni menos se empantana en la tradición. Barra que despacha más de un centenar de mojitos diarios y en el intertanto se da maña para preparar una coctelería de alta gama, con presentaciones como para colgar en Pinterest y un conocimiento del negocio que les permite mantenerse todo el año en la difícil temporada baja que le toca surfear cada año durante el invierno, en Viña del Mar.

Nace el 2008, cuando la oferta viñamarina “Parecía Fort Lauderlade con oferta para viejos o para niños chicos”, sentencia Reginald Goddard, el dueño, quien buscó acá tras la barra, un buque independentista para establecer una armada propia y ser el almirante de una tripulación de público adulto que se transformó en el grueso de sus parroquianos más fieles. El 2010 perdieron, con el terremoto, gran parte de su stock lo que tuvo este emprendimiento al borde del cierre. Su acierto es satisfacer al público tradicional de sours y geeks que buscan cervezas raras (que pasaron por la moda IPA y ahora buscan el estilo Saison) y los bichos cada vez menos raros que buscan cocteles inusuales o recetas tradicionales.

Luce como un calco de los pubs irlandeses o británicos, con una agradable terraza, deportes en pantallas, una cocina desenfadada y sabrosa. Muy firme con la pizza y bocadillos con vocación más nocturna como hamburguesas de molienda propia, bruschetas de lomo saltado y de pollo teriyaki. Es un promedio exacto entre un bar de cervezas y de cocteles. Capítulo a cargo del bartender Rodolfo Godoy con manos veloces y adiestradas que arman cocteles sobre todo elegantes y con sutiles bucles autorales. Su trabajo de barra va más allá de agitar una coctelera, los malabarismos del flair o el look de los suspensores y aboga por porciones adecuadas. De hecho se niega a preparar imbunches bebestibles como el Long Island Iced Tea, que considera “un mataleones” .Así, de a poco, cocteles como el Negroni, el Old Fashioned y los martinis  ganan espacio en una  propuesta para un público que va saliendo de los sabores infantiles y las porciones adolescentes. ¿Qué probar que no figura en carta? Una rareza como un cóctel en base a bourbon, con compota de manzana y canela, un top de cerveza IPA. O el Smoking Gun con un chutney de xipotle y piña, scotch y un topping de Ginger beer o jengibre fresco. O como el que figura en la foto, con Té de verde y jazmín, gin, pepino y ese decorado de panal de abeja. En general, una barra que trabaja con soltura en ese límite entre tradición y modernidad. Todos contentos.

Glasgow. 3 Poniente 660, entre 7 y 8 Norte. Tel. 32 273 8143. Precio promedio por persona $10.000-$12.000. Abre de lunes a sábado desde las 18:00 horas.

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Historia del Mojito

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Hay muchos tragos con historia, una historia que proviene de la alquimia del bar y azar, con o sin autores conocidos, que siempre nos viene bien recordar y degustar. Estas son las casualidades y aciertos que generan lo que se podría llamar la coctelería sin coctelera. Cada mezcla nace de una necesidad, de un afán utilitario o hasta medicinal. Aquí inauguramos una lista imprescindible de historias donde se combinan delicadamente los componentes históricos y humanos que configuran parte de la leyenda de estas bebidas.

Durante el período de la ley seca (1919-1933) muchos turistas estadounidenses se refugiaron en los bares de La Habana. Gracias a este influjo de clientela ávida es que surgieron y se consolidaron las destrezas de los barmanes cubanos que organizaron el Club de los Cantineros en 1924, la primera escuela de los oficios tras la barra del mundo. Esto permitió también que epicentros como La Floridita, La Bodeguita del Medio y el Sloppy Joe’s se hicieran famosos por su coctelería y sus célebres visitantes. Si es hasta chapita y souvenir magnético la famosa frase My Mojito in La Bodeguita. My Daiquira in El Floridita__”, que redactara en un arranque de inspiración etílica el gran bebedor y campeón de la frase corta Ernest “Papa” Hemingway.

El master blender de Bacardi, William Ramos, nos habla del origen del Mojito: “relacionado con la religión cubana de la santería y el Mojo, el mojito asemeja el rito de hacer una pócima con el mortero”. Una mixtura entre religiones africanas y destilados. Sin embargo el julepe o julep de menta era muy apreciado por los propietarios de las plantaciones del sur de Estados Unidos y es uno de las preparaciones más antiguas que se conocen. “Probablemente se creó en Virginia a finales del siglo XVIII” apunta un escrito de John Davis, profesor británico, que publicó su receta en 1803 además de constatar que los calores de South Virginia excusaba su consumo desde la mañana. Así como el mojito es que los longdrinks con mezclador se hicieron populares y se consumen a toda hora y en todo el mundo.